domingo, 17 de marzo de 2013

La edad de la oposición, el negativismo y las rabietas


Las rabietas son explosiones emocionales que incluyen llantos, gritos, pataletas y otras demostraciones de frustación o ira que superan la capacidad del niño/a para controlarlas. Estos berrinches son comportamientos normales en el pequeño/a de uno a tres años aunque, en algunos casos, pueden aparecer antes del año de edad o persistir más allá de los tres años. Suelen ser respuesta a una baja toleranacia a la frutración en especial cuando espera que sus demandas y deseos sean satisfechos rápidamente o cuando no le permiten hacer lo que quiere. No puede controlarlas porque siente las emociones pero no las comprende y esrá en constante conflicto entre su búsqueda de autonomía y la dependencia física y emocional de los adultos. En muchas ocasiones, estas rabietas también aparecen si tiene dificultad para expresar un deseo o necesidad o bien para atraer la atención de las personas significativas.

Cuando la maduración general del niño y niña le lleva a verse a sí mismo como un ser individual, separado de los padres, comienza a tomar conciencia de la propia identidad. La mayor independencia en los movimientos y en las acciones sobre el entorno le ayuda a descubrir que tiene voluntad propia y aumenta la capacidad de transimitir sus necesidades y anhelos. En este momento, en el niño/a surge una tendencia natural (e incluso deseable) de afirmar su indenpendicia; desea ejercer el control de su entorno. Esto le lleva a decir "no" con frecuencia, pues utilizando la negación manifiesta su voluntad y aún no dispone de vocabulario para expresar sus sentimientos.

En este estapa del desarrollo del yo, las conductas egocéntricas se generalizan. Así, a través del empleo del "no" obitene la satisfacción de poder modificar situaciones y consigue la atención exclusiva de cuantos le redoean. Por eso, suele oponerse a todo cambio o situación que le resulta poco atractiva.

En este período, el niño y la niña vive auténticos conflictos pues sus comportamiento para rearfirmar la conciencia de sí mosmo reciben a menudo la desaprobación de los adultos. No hay que olvidarse que, muchas ocasiones, el mal comportamiento se debe a que el niño/a busca, a través de la experiencia, la orientación de lo que debe o no debe hacer, pide la atención en exclusiva de las personas que para él/ella son importantes, o simplemente trata de constatar que tiene voluntad propia.

Quien peor lo pasa durante la rabieta es el niño/a, pues pierde totalmente el control, se asusta, y después teme perder el cariño de sus padres. Por eso, siempre debemos motrar nuesto amor al pequeño/a después de un episodio de rabieta.

Es importante que los padres mantengan actitudes coherentes, unánimes y calmadas antes las primeras rabietas, ya que de ellos dependerá en gran parte el comportamiento del niño y niña en el futuro. Hay que intentar comprender los motivos que desencadenan la explosión emocional y ser empáticos con el pequeño, es decir, ponerse en su lugar y tratar de entender sus sentimientos y emociones.

¿Cómo trartar las rabietas?

  • Manterner siempre la calma. Los comportamientos rebeldes son normales en esra edad y no suponen que sea mal padre o madre y tampoco que el niño/a sea malo/a.
  • Acondicionar la casa para disminuir el númer de ocasiones diarias en las que se debe prohibir que el niño/a toque o caja un objeto.
  • Evitar la ambivalencia al fijar normas y límites. El padre y la madre deben estar de acuerdo en lo que debe permitir o no al niños/a, y responder del mismo modo cuando surge la rabieta.
  • Reacción de forma tranquila pero firme, sin ceder a sus caprichos. El niño/a aprende desde muy temprano a distinguir entre las negativas firmes y aquellas que puede cambiar con su intervención.
  • Distraer sus atención hacia un juguete o actividad de su agrado, cantar su canción favorita o jugar a poner caras graciosas-
  • Utilizar tonos de voz estimulantes cuando se quiere que el niño/a haga o deje de hacer algo.
  • Permitir que el niño hago pequeñas elecciones aceptables con frecuencia y ofrecer alternativas siempre que sea posible. Por ejemplo, sobre el cuento que le está leyendo o el juguete que lleva al parque. Sentirse independiente en algunas ocaciones le ayuda a aceptar reglas que son necesarias.
  • Cuando la rabieta está en curso y ésta tenga como objetivo obtener atención, la respuesta más efectiva es ignorarla. Además, es conveniente alejar al niño/a de cualquier objero peligroso, separarse unos pasos, continuar con lo que se estaba haciendo y no hablar o utilizar un tono de voz neutral. Cuando la intensidad de la rabieta llega a ser casi inapreciable, arropar al niño con todoel cariño para tratar de que sienta que se le quiere aunque no se acepte su comportamiento. Así, le ayudamos a recuperar el control.
  • Las respuestas agrecias, verbales o físicas no aportan soluciones. Además, si el niño/a ve estas condictas cuando hay problemas, se convierten en modelo que el niño/a imitará para resolver conflictos.














En

No hay comentarios:

Publicar un comentario